Cada vez más inversores extranjeros se han sentido atraídos por el mercado inmobiliario de Turquía, que combina precios relativamente asequibles en comparación con varios países europeos, un clima agradable, una infraestructura sólida y la posibilidad de conseguir la ciudadanía mediante inversión. De acuerdo con este programa, cualquier persona extranjera que cumpla con unos requisitos específicos puede obtener la nacionalidad turca y un pasaporte válido, sin necesidad de renunciar a su nacionalidad de origen. Sin embargo, junto a los derechos propios de un ciudadano turco, se plantea la cuestión de si es obligatorio servir en el ejército, algo que suele preocupar a quienes contemplan la compra de propiedades en Turquía. El punto clave radica en saber quién está realmente sujeto al servicio militar, qué vías legales permiten eludir o acortar la conscripción y cómo afecta a los hijos de quienes también adquieran la ciudadanía.
En Turquía, la ley establece que los hombres con edades comprendidas entre aproximadamente veinte y cuarenta y un años deben realizar el servicio militar. La duración de dicho servicio para los reclutas puede variar entre seis y doce meses, según diversos factores como la especialidad del recluta, las necesidades de las Fuerzas Armadas y los cambios legislativos. Por lo que respecta a los extranjeros que únicamente poseen un permiso de residencia (y no la nacionalidad), no existe obligación de servir en el ejército. La incógnita surge realmente cuando se adquiere la ciudadanía turca, ya sea de forma tradicional o, en este caso, a través de la inversión en bienes raíces. Las leyes turcas contemplan que cualquier individuo que posea pasaporte turco se considere susceptible de ser llamado a filas, si bien existen varias exenciones y alternativas legales para no llegar a cumplir un servicio prolongado o incluso para quedar libre de la obligación. En este sentido, también cobran importancia los hijos de estos nuevos ciudadanos; en caso de obtener el pasaporte junto con sus padres y alcanzar la edad de reclutamiento mientras viven en Turquía, se regirán por las mismas normas militares.
Lo más destacado del programa de inversión para la nacionalidad turca es que uno no necesita renunciar a su nacionalidad original. Eso sí, es fundamental aclarar de antemano en qué medida se verán afectadas aquellas personas que se convierten en ciudadanos turcos y deben registrar su situación ante las autoridades de reclutamiento. Muchos ciudadanos recién nacionalizados quedan exentos si obtienen el pasaporte turco después de los veintidós años. Además, existe la posibilidad de acreditar con documentos oficiales que la persona ya sirvió en las Fuerzas Armadas de su país de origen; en tal caso, Turquía reconoce ese antecedente y exime al individuo del servicio. Sin embargo, quien no haya servido antes y no cumpla con alguna exención puede recurrir a una fórmula legal que reduce el servicio militar a un mes de instrucción, previa realización de un pago establecido. Este pago ha oscilado en los últimos años en torno a unos cuantos miles de dólares. Después de completar dicho trámite y el correspondiente mes de entrenamiento, el nuevo ciudadano queda libre de pasar seis o doce meses en las instalaciones castrenses. Es, por tanto, un mecanismo legítimo que evita el reclutamiento clásico si el ciudadano no desea dedicar medio año o más a la vida militar. Desde luego, para muchos turcos nativos, servir en el ejército se ve como un acto prestigioso, pero para el inversor foráneo que antepone los beneficios del pasaporte, es sumamente útil contar con esta alternativa oficial.
La adquisición de inmuebles en Turquía ha sido, durante ya varios años, una de las opciones predilectas para quienes desean no solo comprar una vivienda, sino también acceder a un segundo pasaporte. Diversas zonas costeras, como Antalya, Alanya, Bodrum, Fethiye o Marmaris, ofrecen un estilo de vida apacible, instalaciones turísticas avanzadas y oportunidades interesantes de arrendamiento vacacional. Por su parte, las ciudades más grandes como Estambul o Esmirna brindan dinamismo empresarial y un entorno urbano en pleno crecimiento. El sector inmobiliario turco abarca tanto inmuebles relativamente económicos localizados en sitios menos concurridos por turistas, como apartamentos o villas de lujo situados frente al mar con todo tipo de comodidades.
Para muchos inversores, una de las mayores ventajas consiste en que no se requieren sumas desorbitadas en comparación con otros destinos. Basta con adquirir uno o varios inmuebles cuyo valor total alcance el mínimo señalado por la legislación. Con ello, el pasaporte turco no solo otorga libertades dentro del país, sino también la posibilidad de viajar sin visado o con régimen simplificado a numerosos países del mundo. Para las familias y aquellos que piensan en gestionar negocios en el extranjero, se trata de un punto decisivo. El inconveniente aparente puede ser la obligación militar. Sin embargo, la mayoría de los nuevos ciudadanos logra eludir el servicio ordinario, pues las leyes turcas ofrecen mecanismos transparentes que facilitan eludir o reducir la conscripción de forma oficial.
La situación de los hijos de los inversores merece una mención especial, sobre todo si deciden quedarse en el país en el futuro. Si reciben pasaporte turco siendo todavía menores de edad, en el momento de alcanzar la edad de reclutamiento podrían verse llamados a filas, como cualquier otro ciudadano turco, siempre que residan en el país y aparezcan inscritos ante las autoridades militares. Pero de nuevo, si ya han servido en su nación de origen o se matriculan en la universidad (y disponen de aplazamiento), también podrían eximirse o posponer la llamada. Si los padres prevén que su hijo no desee cumplir el servicio completo, existe la opción de pagar la tasa establecida, de modo que el joven se limite a un mes de formación en condiciones más suaves y similares a un corto período de instrucción. Esto cobra relevancia cuando la familia pasa la mayor parte del tiempo fuera de Turquía y solo regresa en períodos concretos. Mientras el menor no se inscriba en las oficinas turcas ni viva durante mucho tiempo en el país, el asunto del reclutamiento no necesariamente se activa.
La importancia geopolítica y económica de Turquía también influye en la decisión de muchos. Al ser un país de gran relevancia regional, con un desarrollo notable del turismo, la construcción, la banca y las relaciones internacionales, Turquía valora la llegada de capital foráneo e incentiva la inversión inmobiliaria con la posibilidad de otorgar pasaportes a cambio de dicha inyección financiera. Además, el inversionista no está obligado a residir permanentemente en el país ni a realizar un examen de idioma, características que comparativamente hacen que el proceso resulte más flexible que en otras naciones donde el aspirante debe someterse a exámenes lingüísticos, vivir en el territorio la mayor parte del año o renunciar a la nacionalidad anterior. En Turquía, basta reunir la documentación requerida, justificar el origen del dinero que se invierte, carecer de antecedentes penales y esperar la verificación de las autoridades, tras lo cual se puede acceder a la ciudadanía sin mayores complicaciones.
El proceso para obtener un pasaporte turco, aunque sencillo a grandes rasgos, presenta sus particularidades. Primero, el inversor ha de escoger la región donde quiera comprar uno o varios inmuebles por el monto mínimo fijado por ley que permite solicitar la nacionalidad. Conviene revisar a fondo la situación legal de la propiedad y comprobar que cumpla los requisitos oficiales. Se recomienda recurrir a agencias y abogados de confianza para evitar fraudes o malentendidos en la documentación. Tras firmar el contrato de compraventa y obtener el tapu (la escritura de propiedad), se tramita el permiso de residencia. Con este paso y la evidencia de que la inversión cumple con los criterios establecidos, además de carecer de delitos, se presenta la solicitud de ciudadanía por la vía rápida. Las autoridades revisan el expediente durante varios meses y, de no hallar irregularidades, emiten la resolución que otorga la nacionalidad. Turquía, a diferencia de algunos países, no exige al inversor renunciar a su nacionalidad original.
Una vez se obtiene el pasaporte, surge la inquietud: ¿existe la obligación de servir en el ejército? Si uno es mayor de veintidós años, lo más común es que no resulte llamado, salvo excepciones muy puntuales. Además, si la persona ya prestó servicio en el ejército de su país de origen y presenta prueba oficial de ello (un documento militar válido), Turquía lo reconoce y lo exime del reclutamiento. Para quienes no han servido o no califican para otras exenciones, se plantea la vía de la contribución económica que exime de cumplir los seis o doce meses, reemplazándolos por un mes de instrucción en condiciones menos rigurosas. Tras ese periodo reducido, no es preciso cumplir ningún compromiso adicional, de modo que las obligaciones militares se consideran saldadas.
También entran en juego factores como la situación académica: los estudiantes universitarios pueden diferir su reclutamiento hasta los 29 años si cursan estudios de grado, o hasta los 35 si cursan posgrados. Y si el inversor tiene hijos que también hayan adquirido el pasaporte turco, cuando lleguen a la edad de reclutamiento se aplicarán las normas generales. No obstante, quienes vivan fuera del país la mayor parte del tiempo quizás ni siquiera se enfrenten al reclutamiento, a menos que establezcan una residencia prolongada o formalicen su registro en las oficinas militares de Turquía. La sociedad turca, cabe señalar, valora la carrera militar, y muchos nativos optan por la formación profesional en el ejército o el servicio obligatorio. Pero para los nuevos ciudadanos que simplemente desean las ventajas del pasaporte, la posibilidad de pagar la contribución oficial para acortar el servicio suele ser la mejor solución. Esta vía no se considera ni “gris” ni ilegal, pues la contemplan expresamente las leyes del país.
Lo fundamental es recordar que tanto la cantidad que se debe abonar como la duración de la formación de un mes pueden modificarse con el tiempo. Si alguien decide invertir y solicitar la nacionalidad dentro de un par de años, conviene verificar si el gobierno ha modificado dichos importes o los límites de edad. Por todo ello, consultarlo por anticipado con abogados y expertos en gestión inmobiliaria resulta clave para evitar contratiempos en la fase final de la solicitud.
Al margen de la cuestión del servicio militar, muchas personas interesadas en comprar inmuebles en Turquía buscan aclaraciones sobre diversos aspectos de la nacionalidad. El país cuenta con uno de los programas más asequibles para obtener un segundo pasaporte mediante la compra de bienes raíces. Los requisitos esenciales se basan en adquirir uno o dos inmuebles por un valor no inferior a 400,000 USD, ser mayor de 18 años y no tener antecedentes delictivos. Además, no se exige residir largas temporadas en territorio turco ni renunciar a la nacionalidad originaria. Aun así, los inversores suelen plantear preguntas frecuentes relacionadas con la familia, las ventajas de viajar y otros beneficios ligados al pasaporte.
Mucha gente se interesa por si sus familiares pueden igualmente obtener la nacionalidad. La respuesta es que los cónyuges e hijos del titular también tienen derecho al pasaporte turco sin necesidad de desembolsar más. No hay que realizar una nueva inversión paralela ni se imponen tasas adicionales cuantiosas. Mientras se cumplan los criterios generales y se acredite la relación familiar, los hijos y el cónyuge del inversor quedan incluidos. Tampoco es obligatorio tener un solo pasaporte, ya que Turquía permite plenamente la doble nacionalidad. El país no impone requisito de residencia tras la concesión de la ciudadanía, ni exige la permanencia en su territorio durante el examen de la solicitud, lo cual marca una diferencia notable con otros programas mundiales que pueden requerir dominio del idioma, vínculos prolongados con el territorio o renuncia al pasaporte original.
Otra cuestión recurrente es si hay que hablar turco. En la actualidad, Turquía no pide al inversor que haga un examen lingüístico. No hay entrevistas ni pruebas de competencia idiomática como condición para conceder el pasaporte. Esto resulta un gran alivio para quien no domina el turco pero necesita un segundo pasaporte por negocios, razones familiares o simplemente para aumentar su libertad de movimiento. Respecto al alcance internacional de ese pasaporte, se suele mencionar que permite entrar sin visado o con trámites simplificados a más de cien países, la mayoría en Asia, Latinoamérica y varias islas. Para el área Schengen y Estados Unidos, sí se exige visado, si bien a menudo la obtención resulta más flexible y se puede incluso conseguir un plazo más largo. A los ciudadanos turcos, por ejemplo, se les concede en ocasiones una visa Schengen de tipo C-2 con hasta cinco años de vigencia, permitiéndoles estancias de noventa días por semestre en Europa. La visa estadounidense de turista suele otorgarse por diez años, y además existe la posibilidad de tramitar la visa E-2 para inversores, que facilita abrir un negocio y reubicarse rápidamente en el territorio estadounidense.
Esto enlaza con la última preocupación, relativa a si se puede viajar con agilidad por Europa o establecerse en Estados Unidos. En efecto, el pasaporte turco facilita la gestión de esas visas de larga duración, lo que agrada a quien necesita trasladarse para oportunidades comerciales o fines turísticos. Teniendo en cuenta todos estos beneficios, no sorprende que el programa de ciudadanía por inversión de Turquía goce de fama de ser de los más atractivos y sencillos. El Gobierno turco no pide más que un par de condiciones clave y el cumplimiento de unas normas elementales, de modo que el inversor puede contar con un proceso sin grandes complicaciones. Sumado a ello, el temor a un posible servicio militar prolongado suele disiparse al comprobarse que se puede presentar la documentación de servicio anterior o pagar la tasa oficial que sustituye la estancia en los cuarteles por un breve curso de formación. Esto hace que Turquía permanezca en el punto de mira de quienes ansían ampliar sus posibilidades con un segundo pasaporte mientras se hacen con una vivienda o una propiedad rentable en un entorno con clima mediterráneo.
La combinación de un desembolso asequible, una política legal no demasiado exigente, la aceptación de la doble nacionalidad y la reducción o eliminación legal del reclutamiento explican por qué Turquía resulta tan adecuada para quienes desean ampliar su libertad de movimientos y sus opciones de emprendimiento, sin verse forzados a un servicio militar extendido. Si se recopila con antelación la información necesaria y se cuenta con el asesoramiento de profesionales familiarizados con la normativa local, será posible sortear con éxito cualquier inconveniente y beneficiarse al máximo del nuevo pasaporte turco.